“Largo túnel de sangre y oscuridad”, (André Gide) - Julia Duce Gimeno



Diseño: Isabel Palacio



Todo empezó el 28 de Julio de 1914 con el atentado fatal a un príncipe de ojos tristes y gesto altivo y su dulce esposa. Una puesta en escena de comedia barata, con intentos fallidos y el azar en ayuda de un terrorista aficionado. Lo cierto es que  la historia venía de atrás, de egoísmos mercenarios, de países con complejo de superioridad, de revolucionarios nacionalistas, de rencillas mal llevadas, de intereses económicos. Es muy difícil analizar por qué una sociedad civilizada se lanza a una guerra irracional, la mayor atrocidad de la historia de la humanidad hasta ese momento y al final solo preludio de otra aún mayor si es que es posible cuantificar el horror.

La Gran Guerra fue mucho más que un conflicto armado, terminó con una sociedad y Europa se cubrió de millones de tumbas. Ya nada volvió a ser igual. El desánimo y la estupidez acabo con aquella idea romántica de la guerra que hasta ese momento parecía  imperar y con ese patriotismo impostado, que  se descubrió como una mentira,  en la que ya no había lugar para los héroes. La tecnología se puso a trabajar para matar con más eficacia dirigida por generales incapaces que usaban a su hombres como carne de cañón, con oficiales que despreciaban a la tropa y la trataba como esclavos defectuosos. Los oportunistas hicieron grandes fortunas, pero la miseria siguió ahí, creciendo y ahondando la desesperación de los que nada tenían y rompiendo el futuro de aquellos muchachos que a nadie parecían importar. El mundo demostró ser mucho más pequeño e irracional. 

De las cenizas no renació un ave fénix, sino un mundo más duro, de valores extremos: el pacifismo, que nunca había sido considerado como un principio honorable, empezó a germinar durante la contienda y brotó con fuerza en el periodo de entreguerras como un ideal a  perseguir, lo mismo que aquellas revoluciones que querían terminar con el imperio de la burguesía y la opresión del dinero. Durante un momento la guerra, se había agazapado bajo la ilusión de aquel grito de ”plus jamais ça”. Aquellos felices años de entreguerras ocultaban una falacia construida sobre la tumba de millones de hombres que sucumbieron en las batallas, pero también surgió la aspiración a un nuevo orden que devolviera el orgullo y la revancha. 

La Gran Guerra y sus muertes sin sentido, sus generales de opereta y sus soldados en las trincheras cubiertos de barro con el frio en los huesos. Las nubes de gas mostaza, el alambre de espino,  el silbido de las ametralladores, los intensos cañonazos mientras se afilaban  las bayonetas y la desesperación de las esperas entre retazos de la esperanza de que aquellos días se acabaran y la vuelta al hogar. 

Lo más desolador de esta Guerra, es que los límites aún persisten difusos. No hay un malo o un bueno definido en un mundo en descomposición, como si lo hubo 20 años después con un Hitler demoníacamente megalómano y perverso y un estado genocida. ¿Qué nos llevo a la locura en la que todos fueron perdedores? 

Queremos sumarnos al aniversario de uno de esos momentos clave que significó un giro para la humanidad, aquel “largo túnel de sangre y oscuridad” como lo definió Gide, del que salió una sociedad desorientada y enferma que todavía no se ha recuperado.


1914. El asesinato de Sarajevo, de Eladi Romero - Sabino Fernández Alonso (ciro)

Nos vemos allá arriba, de Pierre Lemaitre - M. Corleone

Desfiles de guerra - Ariodante

Imágenes del abismo. Unahistoria de Gipi - Eduardo M. 

El miedo, Gabriel Chevallier - tito plauto

Más allá de la contienda, Romain Rolland - Caroline

La batalla del Somme. Martin Gilbert - Aben Razín

La belleza y el dolor de la batalla, de Peter Englund - Arden (Sebastián Fontana)

Erich Maria Remarque. La popularidad no es homogéna - Margarita Santos (Murke)

Todos son culpables en una guerra - Antonio Ponce (olamiamol)







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