Leer sobre la II República Española - Jesús Rojas (Juanfran)



Es tan interesante elegir leer sobre la II República como decidir qué libro es más adecuado para ilustrarse. Todo lo escrito sobre aquel periodo, tan de actualidad pese a su lejanía temporal, puede quedar al antojo del «escritor común» que, de un tiempo a esta parte, nos trasmite las bondades de un episodio histórico que finalizó con una sangrienta guerra civil y una duradera dictadura.

Madrid. El advenimiento de la República de Josep Pla - Sebastián Fontana Soler (Arden)


En España el advenimiento de la República el día 14 de abril de 1931 supuso un cambio radical de régimen político. Hasta ese momento el sistema político republicano solo había sido un experimento que apenas duró menos de dos años, desde el mes de febrero de 1873 hasta el mes de diciembre de 1874, que naufragó en medio de la inestabilidad política, con cuatro presidentes en un período tan corto de tiempo, y tres conflictos armados a la vez (insurrección en Cuba, sublevación cantonal y guerra carlista), que llevaron a su abrupto final. Con estos antecedentes era de prever que la andadura de la Segunda República española no fuera un camino de rosas, como así resultó, pero ¿cómo se llegó a su proclamación? ¿cómo se vivieron esos primeros momentos? Trataremos de contarlo a través de la visión del escritor y periodista catalán Josep Pla, el cual llegó a Madrid ese mismo día 14 de abril de 1931 para seguir de cerca los acontecimientos.

Viaje a la aldea del crimen de Ramón J. Sender - Cuscurro



Mucho se habla, no sin razón, del paso del periodismo a la literatura que Truman Capote realizó en su maravillosa novela, basada en hechos reales, A sangre fría. Se cita este libro como uno de los precursores del género que transformó una crónica periodística en una obra literaria. No nos dejemos engañar: Ramón J. Sender ya lo había realizado muchos años antes.

Dentro de nuestros escritores patrios tenemos un genio que realizó este mismo ejercicio con igual de buenos resultados: Ramón J Sender en su obra Viaje a la aldea del crimen va más allá del simple artículo periodístico, de la simple crónica. Crea toda una obra que se eleva a un plano literario superior. No debemos perder de vista que esta obra se escribe en el año 1933 mientras que la innovación literaria de Capote comienza a fraguarse en 1959 y acaba publicándose en 1966.

República española

Diseño de portada: Isabel Palacio



Quien no conoce su historia esta condenado a repetirla o a repetir los errores que han condenado sus decisiones al fracaso.

Vivimos tiempos en los que todo se cuestiona, una crisis política y social que busca y ansía territorios de paz, de justicia social y de igualdad, pero al mismo tiempo se repiten los desconcertantes resultados en la elección de unos gobernantes llenos de vicios y de maneras poco edificantes. Pero no es ninguna novedad, es algo que se repite en nuestra historia de manera inmutable y los intentos de regeneración parecen condenados al fracaso en una sociedad inmovilista que grita pero no se mueve. Diríamos que nos gusta ser dominados con mano de hierro, que tenemos miedo a elegir, a decidir nuestro camino.

El pacifista, de John Boyne - Miguel Ángel Maroto (topito)



«Estoy seguro de que todos estáis orgullosos de encontraros aquí, reclutas. Pero es probable que estéis al corriente de que hay hombres de vuestra generación que no se sienten obligados a defender a su país. “Objetores de conciencia”, se hacen llamar. Tipos que examinan su conciencia y no encuentran en ella la llamada del deber. Son como los demás hombres, por supuesto, Tienen dos ojos y dos orejas, dos brazos y dos piernas. Aunque no tienen pelotas, eso es un hecho. A menos que les bajen los pantalones y hagan las necesarias averiguaciones, no es fácil distinguirlos de los hombres de verdad. Pero están ahí, rodeándonos. Y nos abatirían si pudieran. Su presencia favorece al enemigo.» 

Las valientes plumas blancas de Inglaterra

La Gran Guerra, en cierto modo, fue la última contienda romántica, donde los jóvenes aún idealizaban los conflictos y marchaban hacia el frente con entusiasmo. Hasta entonces, en Inglaterra, los valores establecidos de honor, orgullo y valentía, tan propios a lo largo del siglo XIX, no se debatían. La prensa, controlada por el gobierno, los alimentaba publicando la larga lista de soldados caídos por la patria y el rey, ensalzando su patriotismo y convirtiéndoles en héroes ante la nación. Lo cierto es que nunca se cuestionó abiertamente el conflicto, ni se discutió si aquellas muertes eran necesarias. Al menos, desde los tabloides, pues entre la  población civil comenzó a oírse voces críticas. Algunas de ellas de renombre, como por ejemplo la del economista John Maynard Keynes, la del filósofo Bertrand Russell, la del biógrafo Lytton Stratchey o la del diputado Philip Morrel y su esposa, por no nombrar el largo elenco de figuras claves del movimiento pacifista inglés, y que consiguieron, tras una larga lucha, que el parlamento inglés incluyera la objeción de conciencia entre las cuatro posibles exenciones al reclutamiento admitidas en la Ley del Servicio Militar de 1916, siendo el primer país del mundo en contemplarla en su legislación. No obstante, a pesar de aquella victoria, la gran mayoría de la población inglesa continuó mirando a los objetores de conciencia, los absolutistas (absolutists), denominados así por su «absoluta» negación a portar un arma entre las manos, como cobardes, plumas blancas que deshonraban al imperio.