Diez días que estremecieron al mundo de John Reed - Sebastián Fontana (Arden)



John Reed
Hay personas que tienen la suerte o el acierto de estar en el momento justo en el lugar adecuado para ser testigo de uno de los mayores acontecimientos de la Historia con mayúsculas, el cual cambiaría la vida de millones de personas y del mundo tal y como se conocía hasta ese momento. Filosofía, economía, sociología, nada sería igual a partir de ese momento, llegando incluso a producirse posteriormente la bipolarización en dos mundos opuestos, el capitalista y el comunista, con una Guerra fría que podría haber dado lugar a un enfrentamiento entre las dos grandes potencias de la 2ª mitad del siglo XX, la Unión Soviética y los Estados Unidos, que hubiera llevado a la aniquilación de la civilización. Y todo comenzó con la revolución de octubre de 1917 en Petrogrado (Imperio Ruso) que llevaron a cabo un puñado de hombres decididos en medio del caos, y del que fue testigo de primera mano John Reed (Portland, USA, 22 de octubre de 1887 – Moscú, Unión Soviética, 19 de octubre de 1920), un periodista norteamericano comunista que supo plasmar en su libro Diez días que estremecieron al mundo cómo se produjo el cambio de régimen en Rusia, donde se desmoronaba definitivamente el viejo mundo para dar lugar a uno nuevo y completamente desconocido.

El testigo invisible de Carmen Posadas -Julia & Sue_ Storm


  • Editorial: PLANETA
  • ISBN: 9788408034551

No se puede analizar el significado de la revolución rusa sin detenerse en lo que supuso el asesinato de la familia imperial. Sobre los últimos Romanov hay miles de páginas escritas, foros de internet dedicados íntegramente a ellos, leyendas de personajes que una y otra vez afirman que algunos se salvaron y terminaron sus vidas en el exilio y la pobreza, testimonios de todo tipo y un culto que roza el fanatismo.

Cartas de amor a Stalin de Juan Mayorga - Sebastián Fontana (Arden)





Juan Mayorga (Madrid, 6 de abril de 1965) es, posiblemente, el mejor representante del teatro español realizado a caballo entre los siglos XX y XXI. Sus obras se han representado en escenarios de todo el mundo desde Argentina hasta Australia, y traducido a numerosas lenguas (además de las más extendidas, también a otras más exóticas como el coreano, el estonio, el finlandés, el hebreo, el holandés o el húngaro, entre otras), lo cual da idea de la universalidad y el éxito de su teatro. Ha obtenido, además, numerosos premios como el Nacional de Teatro, el Nacional de literatura dramática o el Valle-Inclán. En su obra, entre otros muchos temas, ha reflexionado sobre las catástrofes humanitarias del siglo XX, como el Holocausto y la Segunda Guerra Mundial (Himmelweg. Camino del cielo, 2003; El cartógrafo, 2009), la guerra fría (Rejkiavik, sobre el duelo entre Boris Spassky y Bobby Fischer, 2012), pero también otros temas actuales, como el abuso de menores y el amarillismo de los medios de comunicación (Hamelín, 2005), de la escuela y la imaginación (El chico de la última fila, 2006), o la disección de la sociedad actual a través de la dualidad animal-humano (Últimas palabras de Copito de nieve, 2004; La tortuga de Darwin, 2008, Palabra de perro, 2003). La obra que nos ocupa, Cartas de amor a Stalin (1999) nos muestra, a través de la relación epistolar entre el escritor Mijaíl Bulgákov y el dictador Iósif Stalin, una de las consecuencias de la Revolución rusa, la censura y la falta de libertad de pensamiento en el sistema comunista soviético, extensible en realidad a cualquier tipo de dictadura.

Viaje a Rusia de Joseph Roth - Aben Razín







Hacía nueve años de la Revolución de Octubre y dos escasos desde el fallecimiento de Lenin, cuando el Frankfurter Zeitung propuso a Joseph Roth ir a la Unión Soviética a relatar su experiencia. Sin dudarlo, aceptó de buen grado este encargo periodístico para conocer de cerca la realidad de un país por el que sentía atracción. Conociendo la personalidad de este escritor, en esta obra nos encontramos con unas pinceladas críticas de lo que pudo observar durante su estancia, asumiendo a su regreso que fuera calificado por la prensa rusa de “enemigo” burgués de la “República Soviética”.

Revolución rusa - Julia Duce



Nada volvió a ser igual, el mundo se derrumbó. Llevaba tiempo haciéndolo, pero la caída de los zares y la revolución rusa, puso en la conciencia de occidente, y mucho más allá, la evidencia la fuerza de los miserables sobre unas élites insensibles. 

Era una avalancha imparable, cuando  los oprimidos se instalaron en el poder, ya no hubo marcha atrás. El tiempo de los siervos acabó con la elegante corte de los salones dorados y la nobleza adormecida que se regodeaba en sí misma, con aquellos "padrecitos" benévolos que mantenían a su prole en la ignorancia y la devoción y en la miseria opresiva. El tiempo de los soviets fue una bonita ilusión mientras duró. El paraíso comunista se impuso al final a sangre y fuego, tal vez los líderes, aún idealizados no estuvieron a la altura, tal vez la naturaleza humana es demasiado mezquina para convertir la utopía en realidad, tal vez el hombre no nace sabio, ni bueno, ni justo, premisa tan necesaria como la ira de las infamias soportadas.