La chica danesa, de David Ebershoff (Velajada)



Gerda y Einar Wegener delante del cuadro de Gerda Sur la route d'Anacapri durante la exhibición en el Ole Haslunds Hus, 1924.
Foto: The Royal Library, Denmark.


«Acompañado de Greta, Einar correrá el arduo camino al final del cual se encuentra una mujer llamada Lili Elbe, que fue Einar, y que ahora es una chica danesa»

La sinopsis del libro no deja lugar a dudas, no habrá sorpresa, ni misterio que el lector deba resolver. Es la historia de una mujer, que hoy en día, y más después del éxito de la película todos conocemos, la historia de Lili Elbe. Pero aún y así no deja de ser impactante el inicio de la novela que, sin entrar en antecedentes, nos transporta al día más crucial de la vida de Lili, el día de su nacimiento «Einar, ¿me harías un pequeño favor? [...] Resulta que Anna me ha vuelto a llamar para decirme que no puede venir. ¿Te importaría ponerte sus medias?»
Quizás sea esta escena, que transcurre en el estudio de pintura que comparte el matrimonio, el momento más impactante de la novela, la sensibilidad con la que el autor narra el instante justo en el que Einar se pone las medias. La incomodidad inicial, el rechazo, el eso no está bien, el eso no se hace, el no sé si podré... y cómo poco a poco vence su reticencia inicial para ir dejando paso al nerviosismo, a la expectación, a un cosquilleo inidentificable al resbalar la seda de las medias por sus piernas, los rayos de sol que entran por la ventana y que calientan su cuerpo mientras se desnuda, ...
Para Greta es un juego, para Einar, no. A Einar le gusta ser Lili.
En realidad poco se sabe de lo que realmente pasó, poco se sabe del apoyo incondicional o no de Greta, ni de la aceptación o no de su entorno. Quizás el libro esté edulcorado, seguramente lo está, pero no deja de ser una narración que va directa al corazón del lector, que es como un roce, una caricia, que estremece y que te hace temblar. Seguro que no fue todo tan idílico, pero qué más da, si de emocionar es de lo que se trata.
La chica danesa es un libro hermoso de principio a fin. Es un libro pausado, que te mece y que te transporta, con un gusto pasmoso por el detalle. Se me ocurren infinidad de palabras para definir esta pequeña joya de la literatura actual.
Minuciosidad. En las descripciones. Es un libro tremendamente visual. Cada detalle, cada situación, cada paso que da uno u otro están descritos con esmero y precisión; un mohín, una expresión de asombro, el ligero crujido de la gasa al andar, el tacto de la seda sobre la piel... todo pasa muy despacio, como a cámara lenta. Cada escena es como mirar un cuadro, la luz que entra por la ventana, las motas de polvo suspendidas en el aire, como si el tiempo se hubiera detenido en ese preciso instante.
Intimidad. Entre Greta y Einar. En ese primer día, cuando ella le desanuda los cordones de sus botas, cuando le endereza la costura de la media, cuando le acaricia las mejillas —No es nada, hombre, ¿Cuándo dejarás de preocuparte por lo que piensen los demás?— ¡Con qué mimo lo trata! Creo que en ese momento ella ya intuye todo lo que Einar está sintiendo, todo lo que le remueve por dentro, los recuerdos de un tiempo pasado, escondidos, enterrados en lo más profundo de su memoria. Un collar de cuentas de ámbar enrollado en torno a su cuello, el vuelo de una cometa, Hans...
Libertad. La de Einar, que reclama sin exigir. La de Lili, que ejerce en su relación con Henrik, que ejerce a cada paso que da, en todos y cada uno de sus actos, en cada decisión que toma.
Transgresión. La de Greta. Quizás fuera ese carácter transgresor de Greta, tan poco dada a los convencionalismos, el que propició que Lili se quedara. Cuando al principio Lili demuestra sus dudas, su timidez exagerada, es Greta quién la apoya, quién la azuza, quién la incita a salir. No juzga, no critica, le da el espacio que ella necesita en cada momento.
Sensibilidad. En cada página, en cada situación, en cada acción. No puedo olvidar esas notas con las que se comunican Greta y Lili al principio de la novela, cuando todavía ésta no se siente con fuerzas para ser observada, cuando va y viene, cuando un leve aroma a menta fresca es el único rastro de que ha pasado ahí la tarde, sentada, leyendo, o cosiendo —«¿vendrá mañana Lili?» «Solo si tu quieres que venga»—. No se me ocurre un amor más incondicional que el de Greta en esos momentos.
Sutileza, elegancia, ternura y ... sordidez. Sí, también de eso hay. Un prostíbulo, un extraño en la penumbra, un cuarto oscuro...
Complicidad. Quizás así es como definiría yo la relación entre Carlisle y Lili. Cuando ésta ha tomado ya la decisión que la transformará definitivamente en Lili, cuando Greta duda, cuando teme por su marido, por su compañera, por su amiga, por su musa. Cuando ya no se ve con fuerzas, es Carlisle quien da un paso al frente, quien toma las riendas, quien está ahí para apoyar.
Naturalidad. Ante lo extraño de la situación. Lealtad. Sin límites. Amor. En mayúsculas. Renuncia... En definitiva, magia.
El libro no busca ser una biografía de Lili Elbe, sino que persigue profundizar en la relación que se establece entre dos personas. Es pues un libro de ficción libremente inspirado en el caso de Einar Wegener y su esposa. Según comenta el propio autor, «La escribí para explorar el espacio íntimo que definía su insólito matrimonio, y ese espacio solo podía cobrar vida a través de la conjetura, la especulación y la libertad imaginativa».
Por supuesto que en el libro encontraremos algunos datos importantes sobre la transformación real de Einar, que Ebershoff obtuvo de artículos publicados en la prensa de la época, y del diario y correspondencia de Lili Elbe, editados por Niels Hoyer y publicados bajo el título De hombre a mujer. Pero como ya se ha comentado, el libro no pretende ser una biografía. La importancia de esta novela dentro de la literatura LGTB es evidente, Lili es una de las primeras personas conocidas en someterse a una cirugía de reasignación de sexo, pero aunque Lili sea la protagonista indiscutible de esta historia, no solo de ella se nutre la novela. Aparecen en ella unos secundarios de lujo, como Greta y su hermano Carlisle, Hans, el amigo de la infancia de Einar o Henrik, un apuesto pintor de moda que pretende a Lili, en la vida de los cuales también se ahonda en la novela, y de los que el lector no va a poder evitar enamorarse.
No quiero entrar a contar mucho más, demasiado he contado ya, porque aunque todos conozcamos la historia, la relación que se establece entre todos sus personajes es algo que merece la pena ser leído, que merece ser experimentado en primera persona, por su dulzura, porque te transporta a otro lugar, a otro tiempo, a otra sociedad... algunas cosas se cuentan, otras solo se insinúan y otras se dejan simplemente en el aire. Será ya tarea del lector rellenar esos huecos.

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