El diario de Ana Frank - Sabino Fernández Alonso (Ciro)


A alguien podría chocarle que un escrito tan duro como El diario de Ana Frank, escrito por una niña de entre trece y catorce años, llegara a ser un best-seller internacional. Sin embargo, lo fue y lo sigue siendo. Actualmente supera los treinta millones de libros vendidos.

El objeto de este artículo es analizar las causas que llevan a este libro a ser un superventas, más que el argumento del libro que supongo muy conocido. 

De todos modos, haré un pequeño resumen argumental para aquellos que no lo hayan leído o que lo hayan hecho hace tanto tiempo que apenas recuerden los acontecimientos narrados. Esto servirá de punto de referencia.

El diario lo empieza una niña llamada Ana Frank, judía, de familia pudiente, que se refugia junto con otras siete personas en un almacén de Amsterdam durante la ocupación nazi de los Países Bajos (Holanda). Las ocho personas ocultas en la parte trasera de ese almacén, donde se sigue trabajando con normalidad por parte de las personas que las encubren, son miembros de dos familias y un dentista que se suma después de algunos días. Todos son, evidentemente, judíos perseguidos por las autoridades alemanas que controlan el país. Las dos familias son: la de los Frank, con su padre Otto, su madre Edith, su hermana Margot y ella misma; la otra familia es la de los Van Daan, con el cabeza de familia, su mujer y su hijo Peter. Ya digo que el dentista, Dussel, se incorpora después y no es parte de ninguna de las familias.

El diario es escrito entre el 12 de junio de 1942 y el 1 de agosto de 1944 y transcurre desde que empieza la ocultación hasta que son descubiertos por la Gestapo, el 4 de agosto de 1944.

En el texto, Ana comienza narrando los motivos de escribir un diario, al que llama Kitty y que elige como su mejor amiga y confidente, aquella que no tiene, algo de su vida exterior, principalmente escolar, para después centrarse en sus conflictos internos, en los conflictos interfamiliares de los encerrados, en las peripecias con la falta de alimentos o su escasez y poca diversidad, los robos sufridos por el almacén, los momentos de peligro, su “enamoramiento” de Peter y sus propios conflictos internos que le llevan a disidencias con miembros de su familia, especialmente su madre.

Tras ser descubiertos por la Gestapo, todos los escondidos son detenidos, junto con algunos de los encubridores. De esta trágica detención solo sobrevivirá al final de la guerra el padre de Ana, Otto, al que una de las principales ayudantes en la ocultación, Miep Gies, entrega los papeles, desparramados en el registro, que componen el diario que luego es publicado en Holanda en 1947 con el título de Het Achterhuis, traducido como La casa de atrás. En España se publicó con el título de Las habitaciones de atrás en 1955. 

Rápidamente fue todo un superventas internacional. En Israel casi lectura obligada, pero también en Estados Unidos o Gran Bretaña, donde fue número uno de ventas durante muchas semanas.

¿Por qué un libro que en principio es un libro crudo, tan íntimo como un diario, escrito por una niña y cuyo final se condujo tan trágicamente, llega a ser un best-seller?

Creo que en ello influyen varias causas:
  • La primera pudo ser el terrible final de la II Guerra Mundial. Todo el mundo sabía que el régimen nazi estaba cometiendo horrores con los judíos, pero nadie se podía imaginar el terrible genocidio que los discípulos de Hitler practicaron. Esto dejó una culpabilidad colectiva en la Humanidad, no sólo en los ejecutores alemanes, sino en todo el mundo occidental, incluidos los aliados, por su contemporización con el nazismo y su lentitud en la liberación europea. Por supuesto, los primeros lectores y más ávidos fueron los judíos, tanto de Israel como de Estados Unidos, donde muchísimos de ellos se habían refugiado, pero luego se sumaron entusiásticamente todo el espectro aliado, con una fuerte adhesión británica. Como un homenaje a tantos y tantos sufrimientos del pueblo judío en esa guerra, Otto propagó los diarios de su hija y el público lector correspondió a dicho homenaje, tan cercano a la catástrofe.
  • El segundo punto es que los escritos, que deberían ser algo demasiado infantil y sin mucha enjundia, no lo son en absoluto. Retratan caracteres de forma magnífica, tanto el de Ana Frank, como los de los otros siete miembros de “la casa de atrás”, y son, además, divertidos dentro de la tragedia y vamos viendo cómo una niña caprichosa se va convirtiendo en una mujer mucho más reflexiva, con su historia de amor o pseudoamor incluida. De hecho, hubo especulaciones en cuanto a la autoría del diario puesto que se pensaba que una niña de tan solo trece años no podía haber escrito algo tan complejo y con tanta calidad literaria.
  • El hecho de que se presentase como un vestigio rescatado de tanta desdicha (no olvidemos que sólo Otto sobrevivió a la guerra, mientras todos los demás morían en los campos de concentración alemanes, algunos a pocos días de la liberación definitiva), lo convirtió en un objeto casi de categoría arqueológica que podía explicar de primera mano los sufrimientos de tantos seres humanos ante la guerra. Esto, sin duda, ayudó a sus ventas. No olvidemos que hoy tenemos por ídolos a actores o cantantes cuyo mayor mérito ha sido morir jóvenes. Existe una tendencia ineludible en el ser humano a hacer héroes de las víctimas, aunque no siempre lo sean.
  • Por último, no hay que olvidar que el nivel tanto intelectual como económico alto de la familia de Ana, principalmente de su padre Otto, ayudaron mucho a su difusión. Otto, su padre, contribuyó de forma decisiva a que El diario de Ana Frank no se quedara en un cajón, olvidado.

Acabo recomendando fervientemente la lectura de tan magnífico diario. Se divertirán ustedes con las salidas de tono de la señora Van Daan, con las manías del señor Dussel, con los zafarranchos de patatas podridas, fresas y otros alimentos, con los gatos, los ratones y hasta con los ladrones. Se enternecerán con Ana, Peter, la callada Margot, la sufriente madre y el bonachón padre. Disfrútenlo y olvídense de esa palabra tan fea: best-seller.

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