Los amores de un bibliómano. Eugene Field - Illimani


La editorial Periférica vuelve a sorprender con un libro sobre libros y sobre cómo influyen en la vida de las personas, a través de un autor desconocido en Europa, el escritor norteamericano Eugene Field, que vivió en la segunda mitad del siglo XIX y su obra, en muchos aspectos, es un fiel reflejo de la época que vivió. De hecho, es conocido por sus escritos de carácter costumbrista y esto se deja notar a lo largo de las páginas. El libro esconde claros tintes autobiográficos, de un gran amante de los libros, y las anécdotas que a través de ellos le permitirán perfilar la vida del protagonista.

A lo largo del libro se suceden capítulos con sugerentes nombres como Mi primer amor, que relacionan de forma sumamente tierna sus grandes amores, por los libros, con los amores más mundanos, llevando a comparar a unos con otros en ciertas actitudes que, hoy por hoy, se considerarían de cierto machismo, pero que no dejan de ser sumamente descriptivas de su inmenso amor por la literatura, al anteponer estos a cualquier otro amor que haya podido sentir a lo largo de su vida, incluso a aquellos tres amores nombrados en la novela, siempre relacionados de una u otra forma con la lectura y los libros, al igual que sus amigos, como es el juez Methuen, que son nombrados como partícipes de ese mundo lector.

Muchos de los capítulos me han llevado a recordar mi propia relación con los libros, lo que han significado a lo largo de mi vida y supongo que esa sensación la tendrá cualquier lector que se acerque a estas páginas, como en el capítulo de “El nacimiento de una nueva pasión”, donde descubrirá los libros a través de la biblioteca de su tío y, especialmente, a través de un libro que a más de uno le hará recordar lecturas juveniles como es Robinson Crusoe. Sin lugar a dudas, otro capítulo memorable es el titulado “El lujo de leer en la cama”, en este caso por varias razones: primero, por sentirme identificada con las largas noches de lectura sin poder dejar el libro en la mesilla, sin saber qué va a pasar a continuación; la segunda, porque hace referencia a los cuentos de hadas que, aunque la mayoría de los que nombra no son conocidos por mi parte, sí me han recordado mis primeros pasitos por el mundo lector y la importancia de la imaginación. Otro capítulo memorable ha sido “Una enfermedad llamada cataloguitis”, estoy segura de que muchos al leer estar líneas podrán hacerse una idea de por qué.

Tan sólo le pondría un par de peros: el primero es que la mayoría de las obras y escritores que nombra son norteamericanos, lo que hace que sean poco conocidos (en mi caso, he de reconocer que muchos eran perfectos extraños) y que no te identifiques tanto con la historia, a pesar de que la bibliomanía nos afecte. La segunda pega es la falta de una bibliografía que recopile todas las obras y autores nombrados a lo largo del libro y que permita, dado que son autores pocos conocidos (con contadas excepciones), contar con una referencia para posteriormente ampliar el horizonte de lecturas. Estos aspectos pueden hacer que, para aquellas personas que realmente no se sientan identificadas con las situaciones, sea un libro que no llegue a enganchar, ya que realmente no tiene ningún argumento concreto, sino que más bien son pensamientos y recuerdos articulados en torno a una pasión, y para entenderlo, y llegar a disfrutar de su páginas, hay que compartirlo.

En definitiva, un libro sobre libros para gente que ame los libros, sin grandes pretensiones, más que compartir el amor, a veces desmedido, hacia esos grandes amigos.


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