Sleeper, superhéroes en clave negra - Eduardo M.





¿Qué tienen en común la figura del detective y la del superhéroe? ¿Qué pasa cuando se reinterpreta la mitología superheroica a partir de los parámetros del género negro? En Sleeper, de Ed Brubaker y Sean Phillips, encontramos algunas respuestas.

En su célebre Apocalípticos e integrados, Umberto Eco concluía su análisis del mito de Superman constatando que, pese a poseer poderes que les permitían afrontar problemas como la pobreza, el hambre o las guerras a escala global, los superhéroes de tebeo preferían actuar a nivel de pequeña comunidad, limitándose a mantener la armonía en su entorno inmediato. El ensayo, publicado originalmente en 1965, se nutre de las historias superheroicas correspondientes a las llamadas Golden Age y Silver Age, es decir, las editadas entre 1938 y los años 60 aproximadamente. El género ha evolucionado mucho desde entonces, la entidad de las amenazas a las que se enfrentan los superhéroes se ha exacerbado hasta convertir la defensa del planeta en un hecho cotidiano, pero hay un aspecto que permanece invariable: la acción de los héroes enmascarados se produce siempre en respuesta a una amenaza externa y no como resultado de una voluntad activa de mejorar el mundo. En su formulación clásica, que podemos considerar vigente aproximadamente a lo largo de todo el siglo XX, el superhéroe carece de conciencia política, no interviene en el entorno para transformarlo sino que reacciona frente a una agresión. El superhéroe es, en definitiva, un defensor del statu quo.

Sin pretender jugar a las asociaciones ingeniosas, este aspecto puede valernos para establecer un vínculo entre el superhéroe y el detective clásico. En el estándar establecido por los autores de la llamada Edad Dorada de la ficción policial, el detective interviene en un clima social cuya placidez se ha visto alterada por la comisión de un crimen, por lo general un asesinato. La suya es una actuación terapéutica, encaminada a extirpar las conductas malvadas y a paliar el daño causado por aquellas, pero también, como en el caso del superhéroe, a preservar un modelo de convivencia que se nos presenta como justo o, al menos, aceptado pacíficamente y por tanto deseable. De ahí la crítica recurrente que califica a este género de instrumento ideológico al servicio del grupo social que lo producía para su propio entretenimiento, una burguesía acomodada y culta que encontraba en estos textos una imagen complaciente de sí misma.

Mucho más desencantado es el retrato social que ofrece el hard boiled, la variante del género negro que surgió en Estados Unidos en torno a los años 20 y cuyas historias suelen transcurrir en un ambiente de corrupción generalizada. En este contexto, el detective es materialmente incapaz de expurgar todos los males del cuerpo social y su posición pasa a ser la del testigo privilegiado que presenta al lector el cuadro de una sociedad enferma. En el hard boiled, el detective suele tener una aproximación a la realidad menos intelectual, más física que en el relato detectivesco clásico, pero como apunta Slavoj Zizek en Looking awry, lo que nos permite deslindar una y otra figura con mayor exactitud es su distinta capacidad para mantenerse al margen de los hechos. En el hard boiled, el investigador se ve atrapado en una maraña de acontecimientos de la que no puede sustraerse, lo que contrasta con el detective clásico, que consigue resolver los misterios observándolos desde la distancia. Volviendo al cómic, esa misma distancia es la que separa al superhéroe de la gente común y la causa de su neutralidad. En su formulación clásica, el superhéroe se resiste a transformar el mundo por no sentirse legitimado para hacerlo. Su función es la de garantizar un espacio libre de amenazas en el que cada ciudadano pueda hacer las elecciones que determinan su propio destino y el del mundo.

No se trata de establecer paralelismos exactos sino de constatar que la figura del superhéroe tiene más puntos en común con la del detective clásico que con el investigador del hard boiled. De ahí que la reciente corriente que combina conceptos propios del género superheroico con elementos del hard boiled norteamericano suponga una cierta desnaturalización de ambas figuras y desemboque en resultados ciertamente originales. Con el nuevo siglo han surgido una serie de obras que, adoptando el formato del tebeo de superhéroes, dirigiéndose a sus mismos lectores y asumiendo parte de sus tópicos, añaden un conjunto de elementos tomados del relato negro, en lo que constituye una de las muchas estrategias de supervivencia de un género, el de los superhéroes, situado ante el abismo de la autorreferencialidad por obras como Watchmen o Batman: The Dark Knight Returns. Ejemplifican esta tendencia obras como Alias (Brian Michael Bendis y Michael Gaydos), Powers (Brian Michael Bendis y Michael Avon Oeming) o Gotham Central (escrita por Ed Brubaker y Greg Rucka e ilustrada fundamentalmente por Michael Lark y Kano), pero la obra que tomaremos como paradigma será la formidable Sleeper, escrita por Ed Brubaker y dibujada por Sean Phillips.

Publicada originalmente entre 2003 y 2005, Sleeper narra la historia de Holden Carver, un agente del grupo gubernamental Operaciones Internacionales que se ha infiltrado en la organización que dirige un criminal conocido como Tao. Para garantizar la más alta confidencialidad de la operación, sólo el director de O.I., John Lynch, conoce la condición de “topo” de Carver que, para sus ex-compañeros, es un traidor que se ha cambiado de bando tras asesinar a los miembros de su equipo. Cuando Lynch entra en coma tras recibir un tiro en la cabeza, Carver queda abandonado a su suerte, sin un contacto exterior que le permita reintegrarse en su bando. Lo que reducido a su estructura parece una ficción de espionaje convencional se transforma en algo sutilmente distinto gracias a la labor de un Brubaker que arropa la historia con una ambientación y un tratamiento narrativo típicamente hard boiled, al tiempo que retoma a algunos personajes de WildC.A.T.S., una cabecera de superhéroes que llevaba años sin rumbo tras una efímera popularidad en los 90.

Brubaker renuncia a ofrecernos el enésimo enfrentamiento entre el bien y el mal para centrar Sleeper en la deriva que sufre su personaje central, un Holden Carver que se ve privado del único referente que daba un sentido moral a sus acciones. La desorientación de Carver tras el coma de John Lynch le lleva a abandonar su misión, la de destruir la organización de Tao desde dentro, para resolver el conflicto de lealtades que su nueva situación le plantea. Es decir, la lucha deja de ocupar el espacio público para circunscribirse a la esfera privada del protagonista. Rodeado de criminales y forzado a comportarse como tal para no descubrirse, Carver constata que sus acciones apenas se diferencian de las que llevaba a cabo trabajando para Operaciones Internacionales: derrocar gobiernos, matar inocentes… Las figuras de los dos líderes enfrentados, Lynch y Tao, cada vez se le antojan más semejantes, parecemos asistir a una rencilla personal en la que los conceptos de justicia o legalidad son instrumentalizados por los contendientes. La única salida para un Carver resentido y desengañado es el individualismo, la fidelidad a una moral personal que le lleva a separarse por igual de ambas partes.

Brubaker hace explícita la combinación de géneros que está en el sustrato de la trama jugando con los lugares comunes del hard boiled y los superhéroes. El personaje de Carver se ajusta al estereotipo de tipo duro propio del género negro, aspecto que se ve subrayado por sus superpoderes: el contacto con un artefacto alienígena lo hizo insensible al dolor, insensibilidad física que tiene un correlato anímico que hace que el personaje se refiera siempre a ella como una enfermedad. Por su parte, la asesina conocida como Miss Misery, con quien Carver mantiene una relación que solo ingenuamente podríamos llamar sentimental, siente repulsión física por la virtud, hasta el punto de sentirse enferma y debilitada cuando alberga buenos sentimientos hacia otra persona. Por el contrario, cuando se comporta de manera cruel y despiadada gana vigor y belleza. Para mantenerse al lado de Carver debe traicionarlo, engañarlo, maltratarlo… Las facultades especiales de Miss Misery hacen de ella la femme fatale definitiva. A este tratamiento autoconsciente se une la ironía con que se aborda otro tópico superheroico, el origen de los personajes. De manera recurrente, los personajes narran cómo obtuvieron sus superpoderes refiriéndose a sí mismos en una afectada tercera persona, mientras el dibujante Sean Phillips adopta un registro gráfico colorista y luminoso, próximo al estándar del tebeo de superhéroes. Como es previsible, sus relatos son una versión salvaje y deformada, casi paródica, de su referente.

Conviene destacar la labor gráfica de Phillips, un dibujante poco espectacular pero soberbio en la ambientación y en el manejo de los recursos narrativos. Su trazo duro y un acertado uso del claroscuro resultan esenciales para establecer el tono noir del relato. Prueba de su perfecta compenetración con Brubaker son sus posteriores colaboraciones, tanto en Criminal, una cabecera de género negro puro en la que ambos siguen trabajando, como en Incógnito, una especie de versión especular de Sleeper protagonizada por un ex-supervillano integrado en un programa de protección de testigos.

El final de Sleeper es pesimista e irónico, en coherencia con el recorrido previo, y lo suficientemente abierto como para admitir una continuación que sus autores no parecen haber deseado en ningún momento. La serie ha sido publicada en dos ocasiones en nuestro país, primero en formato grapa y después en cuatro tomos recopilatorios, pero no es descartable que se reedite de nuevo, especialmente si en algún momento llega a estrenarse una adaptación cinematográfica que ha sido emprendida tantas veces como aplazada. Si es así, estaremos ante una ocasión perfecta para acercarnos de nuevo a este clásico contemporáneo.


Bibliografía

Brubaker, Ed y Phillips, Sean (2006): Sleeper: A su suerte, Norma, Barcelona.
Brubaker, Ed y Phillips, Sean (2007): Sleeper: Todo es mentira, Norma, Barcelona.
Brubaker, Ed y Phillips, Sean (2007): Sleeper: Una línea borrosa, Norma, Barcelona.
Brubaker, Ed y Phillips, Sean (2007): Sleeper: El largo camino a casa, Norma, Barcelona.

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