Wislawa Szymborska: Lecturas no obligatorias - Sebastián Fontana (Arden)




El economista alemán E. F. Schumacher escribió un libro que tituló Lo pequeño es hermoso. Y es esta frase la que acude a mi mente cuando pienso en la gran poetisa polaca Wislawa Szymborska. Ella misma dijo: “Si paso por ser una persona que vive de la observación a pequeña escala, del detalle, no protestaré, porque así es”. Szymborska es la escritora que, con gran sentido del humor y la fina ironía que la caracteriza, nos recuerda que no somos más que un mono gramático, un réptil evolucionado que ha perdido la cola, un integrante más de un pequeño planeta en la inmesidad del universo. Szymborska trata grandes temas en su poesía pero siempre desde la modestia y humildad, lejos de la grandilocuencia y la épica, con el asombro como divisa y haciéndose preguntas que llevan a respuestas que llevan a más preguntas, siempre con una curiosidad insaciable, y todo para darse cuenta en definitiva de que la respuesta socrática “No sé” es la única posible. De ahí que al intentar definir su poesía se le añada el adjetivo de “filosófica”.

Wislawa Szymborska en la recepción del Premio Nobel de Literatura


¿Para qué sirve un Premio Nobel de literatura? ¿Cuáles son los criterios utilizados por la Academia sueca para elegir al premiado? Todos los años se repiten las mismas preguntas una y otra vez. Se realizan apuestas sobre quién será el escritor galardonado, especulando sobre las motivaciones políticas, la cuestión geográfica o las diversas culturas o lenguas que pueden tener en cuenta los académicos suecos a la hora de hacer su elección, y todo para intentar adivinar cuál va a ser el criterio de aquellos a la hora de conceder el preciado galardón. E inevitablemente, después, vienen las críticas, ya que son escasas las ocasiones en las que se produce un aplauso unánime, al no haber tenido en cuenta a tal o cual novelista popular, que es lo que muchas veces la gente espera, tal y como hemos podido ver en los dos últimos años al premiar a la periodista y magnífica escritora bielorrusa Svetlana Alexiévich, uno de los grandes aciertos de la Academia, y al cantante norteamericano Bob Dylan, a mí entender una elección mucho más discutible. Por ello, cuando el 3 de octubre de 1996 la Academia sueca anunció el premio para la poetisa polaca Wislawa Szymborska (Kórnik, 2 de julio de 1923 – Cracovia, 1 de febrero de 2012), la sorpresa en España fue mayúscula, ya que se trataba de una escritora totalmente desconocida, tan solo algunos poemas suyos habían sido publicados en alguna antología, y nada más, aunque también era cierto que no ocurría lo mismo en otros países, puesto que se le habían concedido premios internacionales tan importantes como el Goethe y el Herder.

Pero ¿quién es Wislawa Szymborska? En realidad quién quiera saber quién es Wislawa Szymborska solo tiene que leer el más corto discurso pronunciado por un ganador del Premio Nobel de Literatura, por lo menos hasta Dylan que no acudió a recogerlo, aunque en palabras de uno de los académicos suecos estaban ante un poema en prosa:

“Dicen que en un discurso lo más difícil es la primera frase. Así que ya la he dejado atrás. Pero presiento que también las que siguen serán difíciles, la tercera, la sexta, la décima, así hasta la última, porque tengo que hablar de poesía. Pocas veces hablo sobre este tema, casi nunca. Y siempre me acompaña el convencimiento de que no lo hago muy bien. Por eso no me extenderé mucho. Toda imperfección es más llevadera si se recibe en pequeñas dosis.
(...)”Y cualquier saber que no provoca nuevas preguntas se convierte de pronto en algo muerto, pierde la temperatura que propicia la vida. Los casos más extremos, los que se conocen bien tanto por la historia antigua como por la moderna, son capaces de ser letales para las sociedades.
Por eso, tengo en gran aprecio dos pequeñas palabras: “No sé”. Son pequeñas pero tienen alas. Nos amplían la vida a territorios dentro de nosotros mismos, y espacios en que está suspendida nuestra diminuta Tierra. Si Isaac Newton no se hubiera dicho “No sé”, las manzanas en su jardín hubieran podido caer como granizo ante sus ojos, mientras que él, en el mejor de los casos, se habría limitado a inclinarse para cogerlas y comérselas con apetido.

Si mi compatriota Maria Sklodowska-Curie no se hubiera dicho “No sé”, a buen seguro hubiera acabado como profesora de química en un instituto frecuentado por muchachas de buenas familias y dedicada a este quehacer, por otra parte respetable, hubiera transcurrido su vida.(...)
Asimismo, el poeta, si es un poeta de verdad, tiene que repetir sin descanso “no sé”. (...)
(...)digamos lo que digamos de este inconmensurable teatro para el que tenemos una entrada, aunque su validez sea ridículamente corta, limitada por dos fechas categóricas; pensemos lo que pensemos sobre él, este mundo es sorprendente.

Pero en el vocablo “sorprendente” se esconde cierta trampa lógica. Nos sorprende aquello que se aleja de una norma conocida y generalmente aceptada, de aquello evidente a lo que estamos acostumbrados. Pero he aquí que ese mundo evidente no existe en absoluto. Nuestra sorpresa es autónoma y no resulta de ninguna comparación con nada.”(...)


No obstante, quien quiera acudir a un cauce literario más ortodoxo para conocer a esta gran autora, en español puede leer la biografía publicada en el año 2015 por la editorial Pre-textos, titulada Trastos, recuerdos de Anna Bikont y Joanna Szcesna, que  pueden considerar poco menos que heroínas dado que Szymborska era una mujer tremendamente pudorosa, celosa de su intimidad, ajena a los chismes, dimes y diretes del mundo literario, y que vivió siempre modestamente en Cracovia, incluso después de la concesión del Premio Nobel. Este gran premio podríamos decir que fue como el elefante blanco que los Reyes de Tailandia regalaban a súbditos con los que no estaban muy contentos, porque lo que en principio supone un gran honor y riqueza, después se convierte más en una carga en su vida que una alegría. De hecho, en los tres años siguientes a su concesión Szymborska no escribió un solo poema, tal era la cantidad de actos, firmas, conferencias que tenía en su agenda, con la consiguiente pérdida del anonimato y de la vida normal que llevaba, por lo que tuvo que contratar a un secretario, Michael Rusinek, con el que poder sobrellevar la carga del Nobel. Raramente se quejaba pero sus pensamientos aparecen constantemente en sus Lecturas no obligatorias y, en este caso, cuando reseñó el libro Einstein en citas, describió como a este le mandaban montones de trabajos científicos para que los apoyara, y que si se hubiera dedicado a leer todo lo que le enviaban no habría tenido tiempo para nada más. Al final cuando ya no pudo más, aquel le dijo a su secretaria que enviara una nota a los autores de los escritos que dijera: “Con respecto a las publicaciones que usted ha enviado, el profesor Einstein le ruega que, por algún tiempo, le considere difunto.”

Así pues ¿cómo escribir una biografía de alguien que no había concedido más que una decena de entrevistas en toda su vida, que no escribía sobre ella, y sobre la que apenas había información? Pues con mucho trabajo y mucha paciencia las autoras reunieron toda la información que pudieron a través de los archivos públicos, entrevistaron a muchas personas que la conocían, e intentaron averiguar más a través de sus poemas y, sobre todo, de sus Lecturas no obligatorias. Llegado el momento consiguieron enseñar su trabajo a Szymborska, y esta no tuvo más remedio que ceder para al menos puntualizar, eliminar algunos errores, y aportar, con mucho pudor, algunos detalles interesantes que faltaban.

Marcel Proust en su Contra Sainte-Beuve abogó contra la preponderancia de la biografía del autor sobre el texto, contra la realidad reducida a lo físico o a lo social del autor, ya que lo importante era la propia percepción del narrador y la forma de describir la sensación que se percibe, por lo que la biografía del autor sobra, o su importancia es mínima. En realidad, podría decirse que Szymborska estaba de acuerdo con esta concepción al no darle importancia a la biografía del escritor, de hecho es la tesis principal de la reseña que hizo de la biografía de Julio Verne (Julio Verne de Herbert R. Lottman) en sus Lecturas no obligatorias, y por eso mismo ella era tan reticente a hablar de su vida privada, la cual no debía tener importancia para los lectores cuando leyeran su poesía, es en ella donde debería encontrarse toda la información necesaria. Para Szymborska “confesarse públicamente es como perder tu propia alma. Hay que guardar algo para uno. No puede derrocharse todo.” No obstante, su propia obra, al igual que también ocurre con Proust, desmiente su opinión, puesto que algunas de las claves de sus obras se encuentran precisamente en su biografía. De ahí que, como veremos, son especialmente interesantes las opiniones de Szymborska sobre los diarios y memorias de diversos escritores en sus Lecturas no obligatorias, y veremos trazos de sus opiniones y de su biografía a lo largo de su obra.

Así pues, siguiendo los expresos deseos de la Sra. Szymborska, no daremos de su biografía más que unos apuntes para situarla en el contexto del tiempo y en el espacio que le tocó vivir, tema este del azar de la vida que le interesó bastante, como vemos en algunos de sus poemas, como en Una del montón, del libro Instante (2004):



Una del montón

“Soy la que soy.
Casualidad inconcebible
como todas las casualidades.

Otros antepasados
podrían haber sido los míos
y yo habría abandonado
otro nido,
o me habría arrastrado cubierta de escamas
de debajo de algún árbol.
(…)”




O también en el primer poema de su libro Dos puntos (2002):



Ausencia

“Faltó poco
y mi madre podría haberse casado
con el señor Zbigniew B. De Zdunska Wola.
Y si hubieran tenido una hija, no habría sido yo.
Quizá habría tenido mejor memoria para los hombres y
las caras,
y para las melodías oídas de una sola vez.
Habría reconocido sin problemas qué pájaro era cuál.
Habría tenido unas notas fantásticas de física y de
química,
peores de lengua,
pero habría escrito a escondidas poemas
de entrada mucho más interesantes que los míos.
(...)”

No obstante, centrémonos en Wislawa Szymborska, esa niña nacida en el 2 de julio de 1923 en la pequeña localidad polaca de Kórnik, en el sur de Polonia, donde viviría hasta los dos años. Hija de una familia de clase media, su padre era administrador de las propiedades de un aristócrata. Hasta que a su muerte la familia se trasladó a vivir a Torun, la ciudad de Copérnico, y después a Cracovia, donde ya pasaría el resto de su vida. De su niñez conservó su gran imaginación, y su gusto por las novelas de Julio Verne, todo ello reflejado en sus Lecturas no obligatorias, por ellas sabemos también que no le gustaba la geometría, que le gustaban los conocimientos inútiles y que a veces no prestaba atención en clase porque su mente estaba en otras cosas, su asombro por la estadística, que después se vería reflejada en el poema Contribución a la estadística, su ilusión por el cine, su pasión por el teatro aficionado y sus primeros intentos de escritura. En el otoño del año 1935 ingresó en el Instituto de las Hermanas Ursulinas, que le dieron una educación clásica, que terminaría, a pesar de que en 1939 los nazis invadieran Polonía y cerraran la escuela. Wislawa tenía 16 años y se podría decir que tuvo suerte porque, a pesar de la dureza de la guerra, Cracovia fue la ciudad menos dañada por aquella, y aunque el instituto cerró las hermanas siguieron dando clases de forma clandestina, aprobando el bachillerato en 1941. Sus referencias a la guerra son escasas, y aun habiendo mantenido contacto con algunos judíos durante la ocupación, en su memoria de la guerra los judíos no están, es lo que se desprende de su poema Aún del libro Llamando al Yeti (1957):

“Aún”

En vagones sellados
viajan los nombres por el país,
hacia dónde viajarán,
cuándo bajarán,
no preguntéis, no lo diré, no sé.
(…).

Pocas veces se refirió Szymborska a su experiencia durante la guerra, ella no se veía capaz de abordarla en sus poemas, tan solo en el poema Sueño de su libro Sal (1962), hace alusión a un amor suyo que el ejército nacional envió en misión a Vilna y nunca regresó:

“Sueño”

“Mi caído, mi convertido en polvo, mi tierra,
con su imagen igual que en la fotografía:
la sombra de una hoja en la cara, una concha marina en la mano,
ase aventura en mi sueño.
(…).

Después de la liberación de Cracovia por el Ejército Rojo se empezaron a publicar los primeros periódicos, y en uno de ellos apareció el 14 de marzo de 1945 el primer poema de Szymborska Busco la palabra, empezando a plantearse en serio dedicarse a la poesía, aunque de todos sus primeros poemas solo uno fue considerado por ella lo suficientemente bueno como para publicarlo posteriormente en una antología. Hubo un proyecto de recopilación de estos poemas para un primer libro, pero no aquel no llegó a buen término, probablemente porque no se ajustaban al canon del realismo socialista imperante en la época. No obstante, su entusiasmo juvenil por el cambio producido le hizo afiliarse al Partido Comunista y en 1951 empezó a colaborar con la nueva revista Zycie Literackie de Cracovia, apareciendo en 1952 su primer libro de poemas, en pleno apogeo del estalinismo, e incluso a la muerte de Stalin en 1953 Szymborska le dedicó un poema de despedida, que según cuenta escribió con toda la sinceridad de su corazón, siendo imposible de comprender a día de hoy. Szymborska fue su mayor crítica respecto de esos primeros poemas y apenas rescató alguno de ellos posteriormente. En 1954 fue galardonada con el Premio Literario de la Ciudad de Cracovia, y en 1955 nominada al Premio Nacional, obteniendo la Mención de Honor.

En abril de 1948 se casó con el escritor Adam Wlodek, viviendo en la llamada Casa de los escritores, en la Calle Krupnicza nº 22, en realidad establecida por el Partido para controlar a los escritores, teniendo informadores dentro de la casa para conocer las opiniones políticas de los mismos y purgar a quién hiciera falta. La casa se convirtió en un lugar mítico, por ella pasaron los grandes escritores polacos de posguerra, allí Jerzy Andrzejewski escribió Cenizas y diamantes, Slawomir Mrozek y Keszek Herdegen montaban producciones parateatrales, se hacían juegos poéticos, fiestas y bailes, dentro de la penuria, de la miseria, el moho y el frío existente en una casa compartida, baños incluidos, donde se escribían grafitis antigubernamentales, que volvían locos a los espías del gobierno, y donde realmente se llegaba a pasar hambre. Uno de los integrantes recuerda a un inquilino a quien no le gustaba lo que pasaba y decía “¿Cómo es eso de sonreír a todos? ¿y la lucha de clases, dónde queda?”. Allí, Szymborska se aficionó a los juegos literarios, entre ellos a los “liméricos” (Limerick es una ciudad irlandesa, que da nombre a una quintilla de cinco versos – AABBA -, teniendo que terminar el primer verso con el nombre de una localidad y contener a lo largo del poema algo picante o divertido), que tanto juego le dieron y que nunca abandonaría como afición.

Pero la opresión del gobierno comunista acabó con toda libertad, y eso abrió los ojos tanto a Wlodek, del que Szymborska se había divorciado en 1954, que abandonó el Partido en 1957, después del aplastamiento por el gobierno del levantamiento de octubre de 1956 y, aunque Szymborska no lo hizo, después de 1956 no volvió a escribir ningún poema del que tuviera que avergonzarse. En 1966, en un acto de solidaridad con escritores represaliados entregó su carnet de militante, lo que equivalía a estar en contra del sistema, un paso radical que la dejaba además en el paro. Szymborska contó en varias ocasones, e incluso en algún poema, esa metamorfosis, el cambio de mentalidad necesario para dar ese paso, que ilustraba con el aforismo del humorista ruso Arkadi Avérchenko: “La gente se vuelve tonta al por mayor, y sabia al por menor”.

Szymborska, que se había convertido en la jefa de la sección de poesía de la revista Zycie Literackie, decidió introducir una columna nueva llamada Correo literario, para contestar a los autores que enviaban sus obras con la esperanza de publicarlas en la revista, y la propia Szymborska se encargaba de contestarla, y en la que ya se puede encontrar el embrión de lo que será después el tono empleado en las Lecturas no obligarorias, respuestas inteligentes, con sentido del humor e ironía, comparaciones y ejemplos con sentido común:

“Donde más ingenio demuestra usted es en la invención de los nombres de los protagonistas. Pero es demasiado poco para un relato logrado. De momento, podría escribir un listín telefónico muy interesante.”

No obstante, en muchísimas ocasiones hablaba de poesía y también daba consejos a poetas noveles, siempre con la ironía y el sentido del humor que la caracterizaban:

“En el poema sobre la espera al otro lado de una línea telefónica deberían aparecer: Catón el Viejo, bollo con mantequilla y escarabajos. La poesía empieza más allá de lo evidente.”
“(…) no es en absoluto más fácil escribir en verso libre, los poetas los saben. Pero para saberlo hay que escribir de una manera y de otra.”
“Nos entristece que trate usted el verso libre como la liberación de cualquier rigor. (…) La poesía era, es y será siempre un juego, y no hay juego sin reglas. Lo saben los niños ¿Por qué los adultos lo olvidan?



Lecturas no obligatorias

Cuando Szymborska rompió definitivamente con la República Popular de Polonia, de la que realmente nunca se había sentido parte y por eso aparece tan poco en sus obras, tuvo que dejar su puesto de trabajo como jefa de la sección de poesía de la revista Zycie Literackie, proponiéndole el director de la misma, como forma de ganarse el sueldo, que relizara reseñas de libros. A la redacción llegaban montones de libros para que los críticos los comentaran, realizándose una pequeña selección de los más importantes, los demás se amontonaban o se desechaban, y esos libros despreciados fueron los que interesaron a Szymborska, aunque después también reseñó otros libros que caían por casualidad en sus manos o que encontraba en las librerías, pero en las lecturas se observa que realmente el libro reseñado en realidad importa normalmente poco, Szymborska aprovecha el libro para hablar de lo que quiere, no son libros elegidos al azar. Así, bajo la reseña de un absurdo manual de cómo empapelar la casa (Empapelando la casa de Jan Wojenski, 1976) se encuentra una crítica ácida al régimen comunista en forma de crítica social irónica, una obra maestra del humor, que sin embargo pasaba como inofensiva ante la censura.

La columna se llamó Lecturas no obligatorias, y se prolongó durante décadas, primero en la revista Zyzie Literackie, después en otras revistas como Pismo y Odra, y a partir de 1993 en la Gazeta Wyborcza. En España se publicaron, por primera vez, por la editorial Alfabia, en tres tomos editados como Lecturas no obligatorias – Prosas (2009), Más lecturas no obligatorias (2012) y Siempre lecturas no obligatorias (2014). Recientemente, en 2016, y bajo el título genérico de Prosas reunidas, se han publicado, nuevamente y en un solo volumen, por la editorial Malpaso, estas Lecturas no obligatorias.



Los libros que elegía no tenían por qué ser libros de una excepcional calidad, ella consideraba que “el peor de los libros puede dar que pensar de una u otra forma: porque es malo, o quizás porque hay algo en él aunque no haya salido del todo bien”. Así que la primera impresión que da si uno lee el índice del libro es la de una elección caótica en el que prima la curiosidad de la autora, a la que casi todo puede parecerle interesante. Las lecturas tratan de temas tan variados como los que aparentemente aparecen en sus poemas: ciencia, animales, historia, elementos cotidianos, y algunos, no demasiados, tienen que ver con la literatura. No obstante, en cuanto nos sumergimos en las lecturas vemos que no es tan sencillo. Szymborska, independientemente del tema del libro, acaba hablando de lo que quiere hablar, y las lecturas las utiliza de forma instrumental para ello.

Aunque rara vez comentaba sobre literatura, y escasamente sobre poetas, y menos si eran autores vivos, sí se pueden rastrear sus gustos literarios, varios artículos sobre Julio Verne, Thomas Mann, Michel de Montaigne, entre otros, nos dan las pistas pertinentes. Personalmente la reseña sobre los ensayos de Montaigne es una de mis favoritas, en ella trata el tema de los libros no escritos y del azar de la vida, ya que faltó poco para que Montaigne muriese después de nacer, en esa época algo muy normal. Enfermedades y accidentes acechaban por doquier, además de las guerras religiosas que arrasaban Francia. Szymborska prácticamente novela todas las posibilidades que podrían haber ocurrido con un desenlace fatal para Montaigne, el cual, sin embargo, y contra todo pronóstico, consiguió sobrevivir, para que, cercano a los cuarenta años, se recluyera en una torre y escribiera posiblemente el mejor libro escrito en lengua francesa y uno de los más importantes de la literatura universal.

“¿Cómo no vamos a maravillarnos de que, con todo, los Ensayos llegasen a nacer? ¿De que fuesen publicados en su forma original cuando el autor aún vivía? ¿De que, por encima de todo, aquella edición no fuese quemada junto con el impresor? (…) ¿Cómo no vamos a maravillarnos de que las numerosas correcciones que ya se han hecho a la obra publicada, y que forman parte de esa edición final que hoy conocemos como los Ensayos, no hayan sido olvidadas, extraviadas, robadas o, por el contrario, guardadas para ser incluidas en una edición posterior, tres años después de la muerte del autor? Por tanto, propongo leer los Ensayos con estupor. (...)”

Algunas de las lecturas tratan de las memorias y diarios de diversos autores, los cuales aborda de diferente forma según estuvieran escritos para ser publicados o no, en el segundo caso estaríamos ante una intromisión en su intimidad que trata con una mezcla de pudor y curiosidad, con cierto remordimiento, no obstante en ambos casos da pie a reflexiones muy interesantes. Así, por ejemplo, en cuanto a las Memorias de Saint-Simon, dice cosas como:

“Personalmente, no creo que haya ningún infierno más allá de esta vida. En cambio, sí creo que hay una gran variedad de infiernos que las personas crean para sí mismos o para otros.”
“Siempre hay personas que solo se sienten felices cuando son infelices”

En cuanto a los Diarios, la reseña del de Thomas Mann es especialmente reveladora, puesto que a la crítica de la hipocresía de muchas personas que pueden rasgarse las vestiduras y criticar al gran autor alemán al leerlos. Szymborska dice de ello:

“No es fácil hacerse un examen de conciencia a uno mismo; sin embargo, hacérselo a cualquier otra persona nos resulta fácil y refuerza nuestro convencimiento de que somos mejores. Es por eso que la gente se aprovecha sin restricciones de la ganga que aquí presentamos.”

Y concluye:

“Hay que reconocer, en resumidas cuentas, que Thomas Mann no era precisamente un santo. Solo queda una cuestión por resolver: ¿existe acaso algo así como una literatura creada por santos? Yo nunca he tenido la suerte de toparme con ella. Todas esas cosas que poseen algunos libros y que me cautivan, divierten, conmueven, incitan a pensar o me ayudan de alguna manera a vivir, fueron creadas por seres mortales muy imperfectos.”

La mayoría de reseñas están escritas con un gran sentido del humor, pero siempre tomado de forma seria. Szymborska decía que “el humor es realmente la gran tristeza capaz de vislumbrar cosas graciosas”. Hay muchas reseñas que son especialmente divertidas como la que se refiere al libro Limpieza y suciedad de Georde Vigarello, cuyo subtítulo es especialmente revelador, La higiene corporal desde la Edad Media hasta el siglo XX, en el que se cuenta cómo en la Edad Media aún la gente se bañaba, pero que se culpó al agua de las epidemias y enfermedades con lo que se cerraron los pocos baños que había, por lo que la higiene se reducía a un baño cada dos años y darse un poco de agua a cara y manos alguna vez, frotarse la piel con pañuelos blancos, que hay que imaginar como quedarían, y echarse perfume. En palabras de la autora:

“En el caso de que hubiese algún bicho raro al que le gustase bañarse más a menudo, estaba obligado a refrenar esa pasión con tal de que no lo considerasen un libertino de esos o un degenerado. A veces pienso en esas películas históricas que tratan de recrear esa época del modo más fidedigno posible. Los actores se pavonean en sus trajes y pelucas recreadas a partir de retratos antiguos. (…) Sin embargo, ninguno de los directores se ha decidido a mostrar la suciedad, los eczema, los herpes y la sarna, (…) Para finalizar, la sorpresa prometida. Señoras y señores, el gran Michel de Montaigne era uno de esos bichos raros que no hacían ascos al agua. ¡Michel de Montaigne se bañaba! ¡Y a menudo! ¡Y con gusto, además! ¡A pesar de vivir en una época recubierta de mugre! De la admiración, se me cayó el bolígrafo al suelo.”

Y, en otras, trata el tema de la naturaleza, escribiendo auténticos poemas en prosa sobre ella, los animales, el planeta o el cosmos, y en ellos, además de reflexionar sobre las preguntas que se ha formulado la Humanidad a lo largo de la Historia, se refleja el asombro de la autora. Como ejemplo tendríamos la reseña del Libro de los misterios de Thomas de Jean, en el que dice:

“Pero es justo al revés: el concepto de “mundo ordinario” no existe para mí. Cuanto más sabemos de él, tanto más enigmático se torna, y la vida que en él existe se nos revela como una extraordinaria anomalía cósmica. (…) Para sorprenderme a mí, con una Rana sobre Hierba es suficiente.”

También estas reseñas contienen microrrelatos, recuerdos de la infancia de la autora, reflexiones sociales, políticas, históricas, filosóficas, y todas ellas nos invitan a reflexionar, a pensar sobre todos los temas planteados, nos enriquecen interiormente y, seguramente, nos hace mejor personas. Hacer un listado de los temas de forma pormenorizada excede la extensión de lo que supone un artículo de estas características, sus reseñas van desde las poesía clásica de Safo y Horacio al Imperio Mogol, los reptiles, la problemática de las traducciones, la filosofía de Heráclito, la vida de Isadora Duncan, el lago Baikal, Paganini, Charles Chaplin, Louis Armstrong, Samuel Pepys, Woody Allen, los mitos griegos de Robert Graves, el calendario, las historias de detectives, la novela romántica, o Salvador Dalí, entre muchos otros temas, por lo que les invito a leer y disfrutar de estas magníficas Lecturas no obligatorias.



Poesía y fin

A los improbables lectores que hayan llegado hasta aquí les extrañará que siendo Wislawa Szymborska, una de las grandes poetas del siglo XX, permítaseme la licencia de no utilizar la palabra “poetisa” pero en el centenario de la gran Gloria Fuertes es un pequeño homenaje que le hago, no haya hecho apenas mención a su poesía, ni la haya analizado, ni seguido el itinerario de la autora a través de la misma. Las razones son personales. En primer lugar, por pudor, si ella misma no podía hablar de su obra poética yo soy menos atrevido aún, porque la poesía hay que sentirla y no explicarla; y, en segundo lugar, porque ello daría lugar no a un artículo sino a un ensayo, lo cual excede del objetivo de este texto. Así que invito a esos improbables lectores a que descubran la poesía de esta gran autora, además de leer las imprescindibles Lecturas no obligatorias.

No obstante, y puesto que he contado algunos datos de su biografía, quería también llegar al final de su historia, y contar cómo Szymborska estuvo escribiendo, su vicio junto con el tabaco, hasta el último momento de su vida, ya que su última poema enviado a la Gazeta Wyborcza llegó en enero de 2012. La muerte, que fue un tema habitual de sus poema, no la asustaba, de hecho ya en 1962 escribió en el poema Epitafio (de su libro Sal):

"Aquí yace ella, como la coma, anticuada,
la autora de algunos versos. Paz eterna
tuvo a bien darle la tierra. pese a que la difunta
no pertenecía a ningún grupo literario y punto.
Aunque tampoco en su tumba hay nada más
que estas pocas rimas, helechos y una lechuza"
(...)

Y, en Sobre la muerte sin exagerar (Gente en el puente, 1986) dijo:

(...)
No hay vida
que no sea, aunque solo sea por un instante,
inmortal.

La muerte
siempre llega tarde a ese momento.
En vano zarandea el picaporte
de una invisible puerta.
Lo que uno haya vivido
no se lo podrá quitar.

No obstante, la muerte cuando llega deja un vacío alrededor en los seres queridos, y Szymborska lo supo reflejar muy bien en el poema Un gato en un piso vacío (Fin y principio, 1993)

“Morir, eso no se le hace a un gato.
Porque qué puede hacer un gato
en un piso vacío.
Trepar por las paredes.
restregarse entre los muebles.
Parece que nada ha cambiado
y, sin embargo, ha cambiado.
Que nada se ha movido,
pero está todo descolocado.
Y por la noche la lámpara ya no se enciende.

Se oyen pasos en la escalera,
pero no son esos.
La mano que pone el pescado en el plato,
Pero tampoco es aquella que lo ponía.

Hay algo aquí que no empieza
a la hora de siempre.
Hay algo que no ocurre como debería
Aquí había alguien que estaba y estaba,
que de repente se fue
e insistentemente no está.
(…)”
Realmente creo que consiguió transmitir la soledad de las personas que lloran y sienten la muerte de un ser querido, y eso está al alcance de muy pocos.



Wislawa Szymborska nos dejó el 1 de febrero de 2012, murió en su casa mientras dormía. No dejen de leerla y de asombrarse, realmente vale la pena.

Bibliografía:

  • Anna Bikont y Joanna Szczesna: “Trastos, recuerdos (Una biografía de Wislawa Szymborska)”. Editorial Pre-Textos. 2015.
  • Wislawa Szymborska: “Lecturas no obligatorias”. Editorial Alfabia. 2009.
  • Wislawa Szymborska: “Más lecturas no obligatorias”. Editorial Alfabia. 2012.
  • Wislawa Szymborska: “Siempre lecturas no obligatorias”. Editorial Alfabia. 2014.
  • Wislawa Szymborska: “Dos puntos”. Ediciones Igitur. 2011.
  • Wislawa Szymborska: “Instantes”. Ediciones Igitur. 2011.
  • Wislawa Szymborska: “El gran número – Fin y principio y otros poemas”. Ediciones Hiperión. 1997.

Somos agua 

2 comentarios:

  1. Muchas gracias, Arden, por tu artículo, por darnos a conocer en profundidad a esta gran escritora.
    Apuntada para que no se me olvide que hay otras voces que merecen ser escuchadas.
    Gracias por la facilidad que tienes por hacernos llegar todo ese mundo que percibes y que compartes con nosotros.

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