Benito Pérez Galdós – Episodios Nacionales: "La Primera República" y "De Cartago a Sagunto" - José Alegre Seoane (Yarin68)


Repúblicas, en España, ha habido dos. De la Segunda sabemos (o creemos saberlo) todo. De la Primera, poco o nada más allá del tópico que duró 11 meses y tuvo cuatro presidentes. Tópico que ni siquiera corresponde a la realidad, como veremos más adelante. Mi intención con este artículo es despertar su apetito por conocer algo más de este episodio tan apasionante (y no menos frustrante) de la historia de España, a través de los ojos y la pluma de Don Benito Pérez Galdós.

1. De Don Benito Pérez Galdós


Benito Pérez Galdós, por Joaquín Sorolla.


Benito Pérez Galdós en uno de los grandes de la literatura española. Durante la segunda mitad del Siglo XIX y primeros del Siglo XX cultivó la novela ("Fortunata y Jacinta", "Marianela", "Misericordia", "Doña Perfecta", "Tristana"), el teatro y el cuento. Y, por supuesto, escribió los monumentales "Episodios Nacionales". Que se aprecian mejor recordando que Galdós, además de un gran literato, fue un muy activo y prolijo periodista que nunca ocultó ni sus ideas avanzadas ni su oposición al tradicionalismo clerical.

2. De los "Episodios Nacionales"

Los "Episodios Nacionales" son una serie de cuarenta y seis novelas[1], escritas entre 1872 y 1912 (es decir, a lo largo de 40 años). El primero de ellos trata de la Batalla de Trafalgar; el último, de la Restauración borbónica bajo el título "Cánovas". Aunque a veces se defina a los "Episodios" como novela histórica, en mi modesta opinión esta etiqueta no hace justicia a la obra. Se me ocurre que, quizás, "historia novelada" sería un término más apropiado, porque en los "Episodios" la novela no deforma el hecho histórico. De hecho, en los dos "Episodios" a los que este artículo se refiere, la novela cede terreno a la historia y, en muchas ocasiones, a la crónica parlamentaria.

3. Del trasfondo de la obra: la Primera República Española

La Primera República es una gran desconocida. Cualquier aproximación a ella, por mínima que sea, depara muchas sorpresas. Por ejemplo, no es muy sabido que la Primera República no ondeó bandera tricolor, sino roja y amarilla con los escudos pareados de Castilla y de León.


Bándera de la Primera República.


Además, como mencionado anteriormente, los pocos lugares comunes que conocemos de ella son inexactos.

La Primera República sobrevivió (quizás sí sea ésta la palabra adecuada) no durante 11 meses, sino 22 y medio. Fue proclamada el 11 de Febrero de 1873 por las Cortes tras la abdicación del Rey Amadeo, y derribada el 29 de Diciembre de 1874 por el pronunciamiento del General Martínez Campos en Sagunto a favor de la restauración monárquica en la persona del heredero de la antes destronada Isabel II (Alfonso XII).

La primera fase de la República sí comprendió, en efecto, 11 meses. Se sucedieron cuatro Presidentes (técnicamente, fueron Presidentes del Poder Ejecutivo): Figueras, Pi i Margall, Salmerón y Castelar. Durante este período, se preparó un proyecto de Constitución que, entre otras cosas, enunciaba los Estados que compondrían la República Federal[2].


Mapa de los Estados enunciados en el proyecto de Constitución Republicana Federal de 1973.

Fuente: Jadelmo - Trabajo propio, GFDL, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=10375042

El federalismo se vio sin embargo pronto desbordado por el fenómeno del cantonalismo que, en algunos lugares, adquirió además carácter de revolución social (como en Alcoy). Si los sucesivos presidentes consiguieron prácticamente acabar con la rebelión cantonal, no lograron sin embargo imponerse al carlismo (la Tercera Guerra Carlista, que había comenzado ya en 1872, acabó sólo en 1876, ya bien entrada la Restauración).

El último de los antes mencionados cuatro presidentes, Emilio Castelar (él mismo partidario de una República unitaria) fue derrocado por el golpe del General Pavía el 3 de enero de 1874. Durante el resto de ese año, España siguió siendo una República, aunque unitaria. Devino el quinto Presidente de su Poder Ejecutivo el General Serrano, el mismo que había asumido la Regencia tras la Revolución Gloriosa que destronó a Isabel II. Serrano, desde su Regencia (1868-1870), no trajo la República sino que preparó el advenimiento de Amadeo de Saboya. En su etapa como Presidente del Poder Ejecutivo de la República, Serrano puso fin al Cantón de Cartagena y gobernó durante 1874 con poderes dictatoriales (con las Cortes disueltas). Conocidas sus credenciales monárquicas, no sorprenderá saber que el General no se opuso a la restauración de la monarquía borbónica. 


4. De "La Primera República" y "De Cartago a Sagunto"
Presentado el trasfondo histórico en el que se desarrollan los "Episodios" "La Primera República" y "De Cartago a Sagunto", pasemos a examinar la obra literaria.

Portada de "La Primera República", 1911.

De entrada, sorprende la incompleta correlación entre los títulos de estos dos "Episodios" y su contenido. "La Primera República" no cubre sino el año 1873. "De Cartago a Sagunto" comienza por la caída del Cantón de Cartagena pero no narra el pronunciamiento de Martínez Campos en Sagunto, que Galdós deja ya para "Cánovas" (el siguiente y último "Episodio").
Importa reconocer que no son estos dos "Episodios" el Galdós más fácil de leer.
El personaje central de estos "Episodios" es Tito, quien es además el narrador en primera persona.  Se ha visto en Tito un desdoblamiento del autor, un álter ego de Galdós, en tanto que Tito es también periodista, frecuenta las tertulias madrileñas y relata amargamente el naufragio del republicanismo federal[2]. El personaje de Tito es uno de los mecanismos a través de los cuales la naturaleza novelesca de los "Episodios" se difumina en favor de una descripción triste y crítica de acontecimientos históricos que decepcionaron al autor

5.  De la alegoría

Otro de tales mecanismos es la creación de personajes alegóricos. El principal es Mariclío, nada menos que trasunto de la Musa de la Historia. Si algunas veces se presenta encarnada en persona de apariencia plenamente humana, otras lo hace con una apariencia más mitológica. Aparecen otras musas, como Doña Aritmética y Doña Gramática. A pesar de ser irreales, estos personajes juegan un papel activo en el relato. No cambian el curso de los acontecimientos como lo harían los dioses clásicos en las epopeyas homéricas, pero sí interactúan con Tito en muchas ocasiones. En "La Primera República" incluso le acompañan en un imaginario viaje subterráneo desde Madrid a Cartagena.

Dicho de otro modo: estos "Episodios" no son una narración mitológica, pero tampoco una novela realista. En una interpretación propia, quizás algo aventurada, me atrevería a decir que  en ellos encontramos algunos elementos precursores del realismo mágico. Realismo mágico de corte greco-latino y no tropical, obviamente. Pero ¿en qué mejor género podríamos clasificar el pasaje en el que Tito se encuentra con Mariclío en una casa palaciega sabiendo que, cuando Tito quiere volver a ella, en su lugar encuentra sólo un lóbrego callejón de chabolas?


6. De los demás personajes

Más allá de los elementos fantásticos, los ­personajes no imaginarios de los "Episodios" son variados, de todo tipo y condición, y están bien caracterizados. Aparecen y desaparecen en función de la trama y, cuando retornan a ella, lo hacen habiendo evolucionado. Cuando lo hacer, el lector tiene la muy agradable sensación de reencontrarse con un viejo amigo al que hacía tiempo que no veía y que le pone al día de lo que le ha acontecido entre tanto. Así, estos "Episodios" están plagados de (no siempre muy verosímiles) "casuales" reencuentros de Tito con otros personajes.

Sorprende particularmente la desenvoltura con la que Galdós nos presenta ambientes y costumbres que estaban lejos de estar socialmente aceptados en aquella época. Lupanares y alcahuetas no son ajenos al mundo de Tito, y Galdós también nos presenta la figura de la comúnmente llamada " mantenida". Pero el autor no dirige a estos personajes femeninos una mirada de reproche. Al contrario, escoge a una de ellas (no desvelaré su nombre) para contar una historia que hoy en día calificaríamos como de superación y desarrollo personal: una mujer que consigue mejorar drásticamente su suerte a través de la instrucción y la mejora del lenguaje, sin por ello abandonar su forma de abrirse paso en la dura vida de la España decimonónica.


7. De los males de España
La instrucción está en efecto bien presente en estos "Episodios", como uno de los remedios a los males del país. No creo que resulte descabellado presentar algunos pasajes de la obra como "Regeneracionismo novelado", tanto más cuanto estas obras están escritas ya entrado el Siglo XX, bien pasado 1898 y en un momento en que la alternancia canovista ya había dado abundantes pruebas de su incapacidad para resolver los más profundos problemas del país.

Y es que de lo que en el fondo tratan estos dos "Episodios" es aquello que Galdós considera como males de España. En mi opinión, más que una crítica, estamos ante un desesperanzado catálogo de los mismos. Estos son los que Galdós nos presenta en estos dos "Episodios":
  • El nepotismo en el acceso a la administración y la consiguiente cesantía en el cargo en función de los vaivenes políticos.
  • La vacuidad y el exceso en el discurso parlamentario, que Galdós presenta como ajenos a las necesidades del país e incluso, a veces, opuestos al progreso del mismo.
  • Los golpes militares, y la apatía de la clase política y la población para oponerse a ellos.
  • La hipocresía del término "moderado", que para Galdós simplemente esconde el conocido conservadurismo clerical.
  • El desbordamiento de la solución descentralizadora por el cantonalismo. De hecho, en su relato del asedio de Cartagena por las tropas federalistas, Galdós parece querer presentar más la futilidad del sacrificio antes que actos de heroísmo.
  • El tradicionalismo ultramontano encarnado en el Carlismo. "De Cartago a Sagunto" contiene un relato horripilante de la toma y cruel saqueo de Cuenca por las tropas carlistas, al mando de Alfonso de Borbón y de Este (hermano del pretendiente carlista) y su esposa Maria Teresa de Braganza. El saqueo fue tan cruel que, con posterioridad, Cánovas buscó (en vano) la extradición de los mismos[4]. 

8.  Conclusión

Es evidente que gran parte de todo lo expuesto por Galdós desborda el marco de los 22 meses cubiertos por estos dos "Episodios", puesto que se trata de líneas de fuerza de la historia de España que precedieron y sobrevivieron a la Primera República. El lector de esta reseña sacará sus propias conclusiones al respecto; no es objeto de este artículo hacerlo.
A modo de conclusión, el que esto escribe resaltaría lo siguiente:
  • la obra literaria como instrumento eficaz para que el autor exprese su desesperanza ante el fracaso de un régimen que él pensaba podía sacar al país de su ancestral parálisis y llevarlo a la modernidad;
  • la sorprendente incursión de Galdós en el mundo de la interacción entre lo mágico y lo real, poco esperable en una obra que, al fin y al cabo, trata de acontecimientos históricos.
En resumen, estos dos "Episodios" corresponden bien a la definición de las obras clásicas: si bien no siempre son las de más fácil lectura, nunca dejan de hacernos sentir y, también, reflexionar.







 [2] El Proyecto de Constitución Federal enunciaba que "Componen la Nación Española los Estados de Andalucía Alta, Andalucía Baja, Aragón, Asturias, Baleares, Canarias, Castilla la Nueva, Castilla la Vieja, Cataluña, Cuba, Extremadura, Galicia, Murcia, Navarra, Puerto Rico, Valencia, Regiones Vascongadas

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