Cada vez son más los nombres de mujer que suenan con fuerza en el mundo del cómic. El presente artículo pretende hacer un repaso nada exhaustivo de algunos de ellos y plantear un debate no por irresoluble menos apasionante: ¿existe algo que se pueda llamar “historieta femenina”?

El caso de Ríos demuestra que las nuevas tecnologías facilitan la proyección internacional de unos jóvenes artistas que, de tener que circunscribirse al mercado editorial de nuestro país, dispondrían de pocas oportunidades de poder desarrollar una carrera profesional. Sin embargo, cometeríamos un error si pensáramos que nos hallamos ante un fenómeno reciente. Una artista tan veterana como Purita Campos desarrolló gran parte de su carrera a partir de los años 70 trabajando para editoriales inglesas, holandesas, alemanas o norteamericanas. Campos es conocida principalmente por Esther y su mundo, versión española de la obra originalmente concebida para el mercado británico como Patty’s World y que publicó en nuestro país, con gran éxito entre el público femenino, la editorial Bruguera.
La popularidad parece no haber abandonado al personaje y el proyecto de recuperación del mismo a cargo de la editorial Glénat ha resultado ser uno de los mayores éxitos editoriales del medio en los últimos años. Las nuevas aventuras de Esther es una dignísima continuación de la cabecera, escrita por un todoterreno como Carlos Portela y con una Purita Campos en plenitud a los lápices. La obra ha alcanzado ya su segundo tomo y su éxito ha trascendido el hermético circuito de los establecimientos especializados, abriéndose paso en las librerías generalistas. Descubierto el filón, asistimos ahora a la abundante reedición de otros trabajos de Purita Campos, en lo que supone un reconocimiento tardío pero de justicia indiscutible a una artista tenaz y de trayectoria intachable.
El caso de Campos demuestra algo que hasta hace bien poco se discutía: que existe un público femenino dispuesto a leer cómics si encuentra las propuestas adecuadas. Y algo parecido podría decirse de las autoras, que cada vez en mayor número se están abriendo camino en un medio tradicionalmente en manos de hombres, también en lo que a la producción se refiere. Es probable que una de las creadoras que mayor popularidad haya adquirido recientemente sea Marjane Satrapi, gracias a su obra Persépolis y especialmente tras la adaptación de la misma al cine. Este trabajo, como el conjunto de su obra, destaca por la sutil inteligencia de su mirada y por una lúcida combinación de crónica personal y retrato social, lo que le ha merecido un papel central entre los historietistas que publican en el mercado europeo. Si Pollo con ciruelas o Bordados confirman que su valía va más allá de la obra central de su bibliografía, sus recientes incursiones en el mundo de la ilustración infantil (Ajdar y Los monstruos tienen miedo de la luna) ponen de manifiesto que se trata de una dibujante versátil y con un amplio dominio de sus capacidades.
Otra voz que se ha dejado sentir con fuerza en el espacio europeo es la de Rutu Modan, autora israelí con dos obras publicadas en nuestro país: Jamilti, una recopilación de sus primeros trabajos para el colectivo Actus Tragicus que si bien resulta irregular como conjunto, ofrece una primera versión de los intereses temáticos que centran su obra posterior; y la novela gráfica Metralla, un conmovedor relato con el inevitable conflicto palestino-israelí como telón de fondo que marca la entrada de la autora en la madurez creativa. Esta obra pone de manifiesto un notable progreso en el aspecto gráfico y destaca por su capacidad para mostrar el daño social que provoca el conflicto sin necesidad de atribuir culpas o profundizar en sus causas.

Reconociendo que son muchas las artistas que podrían constar por derecho propio en este catálogo vocacionalmente incompleto, debemos consultarnos: ¿hay algún nexo común a la obra de todas estas autoras? Dicho de otro modo, ¿existe algún elemento en la manera en que estas y otras autoras afrontan su obra que nos permita hablar de una “historieta femenina”? Todos conocemos el debate equivalente a éste en el campo de la literatura y con independencia de las simpatías que cada uno pueda sentir hacia las posiciones que existen al respecto, todo indica que no estamos ante una cuestión que pueda ser resuelta con carácter general. Parece indiscutible que una correcta comprensión de muchas de las obras que aquí se han mencionado debe considerar la condición femenina de su autora pero, ¿es este factor más determinante que otros como la historia personal, la educación recibida, el contexto sociopolítico o la orientación sexual? Quizá lo más razonable sea no adoptar este tipo de etiquetas como un criterio de clasificación estricto sino como una fórmula simplificadora del discurso. Al fin y al cabo, si hay algo que las autoras aquí mencionadas tienen en común además de su condición de mujeres es la indiscutible calidad de su obra.
Principal bibliografía mencionada:
Bechdel, Alison: Fun home. Random House-Mondadori. Madrid. 2008.
Modan, Rutu: Metralla. Sins entido. Madrid. 2006.
Nelson, Michael Alan y Ríos, Emma: Hexed. El Patito Editorial. Santiago de Compostela. 2009.
Portela, Carlos y Campos, Purita: Las nuevas aventuras de Esther (2 volúmenes). Ediciones Glénat. Barcelona. 2006 y 2008.
Satrapi, Marjane: Persépolis. Norma Editorial. Barcelona. 2007.
Muuuuuuy interesante, Eduardo. Tomo nota, que yo formo parte de ese público femenino más que dispuesto a leer comics.
ResponderEliminarSaludos.