El caballero y la muerte, de Leonardo Sciascia - Julia Duce



Leonardo Sciascia es uno de los escritores más importantes de la Italia de la posguerra. Ligado ideológicamente al partido comunista, se aleja por su espíritu independiente de él y es conocido como la conciencia crítica de Italia por su actitud militante contra la corrupción y la violencia de la mafia. Maestro de profesión se dedicó a la literatura, al periodismo y a la política tras una jubilación anticipada. Desarrolló su actividad política tanto en el terreno nacional como en el parlamento europeo y fue miembro de la comisión de investigación sobre el asesinato de Aldo Moro.

Su obra literaria refleja sus inquietudes sociales y políticas. Sus actitudes y combatibidad ideológica, le colocaron como un referente ético dentro de la intelectualidad europea. De entre su producción merece la pena destacarse El archivo de Egipto, una novela ambientada en la Sicilia del siglo XVIII y sus novelas de corte policíaco, en los que la trama es solo una escusa para plantear la denuncia de la inmoralidad de la vida pública y los conflictos que le preocupan. A estas últimas pertenece El caballero y la muerte. Murió en 1989 de un cancer.

En El caballero y la muerte estamos ante una novela de de ficción político-policíaca. Sciasca construye todo el edificio narrativo en torno al grabado de DureroEl caballero, la muerte y el diablo. Su protagonista, el Vice, se muere, está inmerso en un proceso de cáncer terminal, y el caso, un asesinato político y la aparición de un grupo terrorista que se declara su autor, le sirve de escusa para construir, en un libro breve,  mucho más que lo que la trama promete y casi nada de lo que de ella esperamos.

Nos encontramos en la novela todos los ingredientes del género: un policía desencantado y perdedor, (la muerte lo acosa y lo cerca de forma inexorable), un caso con unos sospechosos acotados por unos motivos dibujados desde el principio, y una víctima de turbios intereses. Un superior que no cree en la dirección de lo que el protagonista investiga, un confidente, mujeres hermosas, mujeres fatales, la amante de moral sospechosa, los crímenes, la corrupción y hasta el periodista metomentodo. Y la atmósfera... Consigue sin duda ese ambiente de novela oscura , donde política, terror y manipulación tienen la categoría absoluta en una realidad compleja y atemporal. Y sin embargo…. ¡¡hay en ella tantas cosas no previstas!!

Es mucho más, es y no es una novela negra. De alguna manera, el cuadro nos lleva de la mano a reflexionar sobre la belleza, sobre la ética, sobre la muerte y la corrupción. El cuadro, al que renuncia, cuando comprende que ya nada importa, que todo es una ficción, que “Todo mentía, incluso la memoria”. Aunque en el fondo no le importe.

Entre el dolor y el fatalismo, el Vice se deja llevar y lo acompañamos en sus investigaciones, pero también en su fluir de pensamientos y recuerdos, que como un río acuden a él sin límites, todo lo desbordado que las energías de un moribundo, cercado por el dolor le permiten, en su búsqueda de la verdad, en el inconformismo de un hombre derrotado que no se rinde, o tal vez que solo busca su liberación.

Bellísimas reflexiones nos conducen de la mano entre los entresijos de un caso abocetado nada más, que es en realidad un juego para el verdadero culpable. Lo que importa de verdad, es acompañar a un moribundo en su despedida del mundo que no renuncia a su integridad mientras el caos le rodea, mientras la confusión y las pasiones y los rencores de los otros construyen castillos en el aire.

Es, sencillamente, la despedida de un hombre de alma elegante y crítica. Porque el Vice, como todos sus protagonistas son un alter ego del mismo autor, y tienen sus mismas inquietudes, su misma mirada íntegra, su misma moral ácida e inquebrantable. En definitiva adopta esa misma actitud que convirtieron a Sciascia en "conciencia crítica de Italia" por esa denuncia constante a la corrupción de la contaminación mafiosa de la vida política italiana.

Quien busque en El caballero y la muerte solo una novela negra de ambientes mafiosos o de la alta corrupción clásica, saldrá decepcionado, porque no es una novela de acción, y al final ni siquiera eso nos quedará en la memoria ligeramente. Es solo un viaje, el último viaje de un veterano policía, liberado de ataduras, que se mueve sin estridencias demasiado marcadas en los límites de los encorsetados procedimientos. Es una reflexión sobre los engranajes del poder y de su uso perverso unas veces, banal otras.

Deja al finalizar un poso de nostalgia triste, de fatalidad ineludible. A mi me ha encantado.



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