Caminando por el desierto - Ariodante




Se recogen en esta edición una serie de cartas, algunas francamente sustanciosas, del que conocemos hoy en día como Lawrence de Arabia que nos muestran, por un lado, el aspecto personal de alguien a quien hemos conocido como un héroe rodeado de un halo casi mítico, y que sin embargo, tenía familia a la que dirigía comentarios sobre su cotidianeidad, hermanos con los que intercambiar comentarios sobre sellos o libros. Y por otra parte se encuentran las cartas donde informa a sus superiores sobre el estado de la situación, da detalles técnicos de los planes a desarrollar o constata lo que se ha conseguido ya. 

Tanto en unas como en otras, vemos a un Lawrence muy distinto –el Lawrence británico– del que conocíamos, o al que creíamos conocer: el autor de Los siete pilares de la sabiduría, texto que nos parece una narración épica con tintes heroicos. Y por descontado, el Lawrence que nos muestra David Lean en la impresionante película Lawrence de Arabia (1962).

En el prólogo, titulado Viajero, soldado, espía…escritor  (un guiño a Tinker, Taylor, Soldier, Spy, la novela de LeCarré), Lorenzo Silva  destaca las distintas facetas de este hombre, que fue explorador, arqueólogo, oficial de inteligencia, asesor militar, y escritor, ya que supo transmitir en sus textos la emoción que le supuso su gran hazaña. 
La fascinación de Lawrence por Arabia llevó, finalmente, no a la creación de una nación árabe como buscaba el coronel, sino al reparto de Oriente Medio por parte de las potencias occidentales aliadas. Claro que quizás esa peregrina idea de Lawrence, conociendo como él conocía a los árabes, era del todo imposible.  Y la prueba está en que hoy en día los países árabes siguen en permanente discordia.


El verdadero Lawrence de Arabia, caracterizado de árabe.
El encuentro de Lawrence con Faisal en octubre de 1916 en Wadi Safra, fue el punto de apoyo que permitió al coronel ocupar un lugar preeminente en la revuelta árabe. Hizo reconsiderar a sus superiores británicos el papel que podrían jugar los árabes en la guerra contra los turcos si se les asesoraba adecuadamente, lo cual se demostró como cierto. Su mejor apoyo lo constituyó Faisal, que aceptó con más facilidad que su padre las sugerencias y consejos de Lawrence, y al mismo tiempo la convivencia de ambos hizo partícipe a éste de la manera de guerrear de los árabes del desierto, las costumbres y relaciones internas y entre las diversas tribus.  El primer gran éxito de esta dirección compartida es la toma de Ákaba.


T.E. Lawrence, en su look británico
En mi opinión, la lectura del libro está sobre todo indicada a aquellas personas que ya conocen algo sobre el coronel Lawrence, hayan leído Los siete pilares o no, pero que conozcan su biografía, la de su amigo el escritor Robert Graves (1927) o la de su sobrino Richard P. Graves (1995) o cualquiera otra de las que hay escritas.  Porque muchos de los detalles que da en las cartas, sobre todo los destinados al coronel Wilson y al general Clayton, son quizás demasiado técnicos y presuponen un conocimiento previo de las andanzas de Lawrence. Los 27 Puntos, publicados en el Arab Bulletin son, a mi juicio, la parte más interesante y jugosa de todo el libro, (además del prólogo), porque ahí Lawrence, por medio de esas instrucciones a todo aquel militar destinado a trabajar con los árabes, nos explica el alma de esas gentes, que él conoció tan de cerca, demostrando una gran capacidad de observación y una profundidad psicológica muy destacada, y las sugerencias de cómo llegar a entenderse con ellos, proviniendo de un mundo tan diferente y en un medio tan hostil como es el desierto, no tienen desperdicio.


Ariodante

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